jueves, 15 de octubre de 2009

Blancanieves


Todos conocemos la clásica historia de Blancanieves y los Siete Enanitos. De cómo la madrastra le preguntó al espejo mágico si existía en el mundo alguien más hermosa que ella y el espejo respondió: “¿Lo quiere en orden alfabético?”. De cómo la madrastra decidió vengarse, mandando matar a su entenada Blancanieves. De cómo el cazador encargado de matar a Blancanieves le tuvo pena y, en un gesto humanitario, exclamó: “¿Cuánto me das para que yo te deje escapar?”. De cómo Blancanieves huyó por el bosque y descubrió una casita con siete camitas, siete sillitas, siete cepillitos de dientes y llegó a una conclusión: “Aquí debe vivir un gigante con hábitos extraños.” Pero los siete enanitos llegaron del trabajo — eran leñadores y estaban derribando arbustos — y adoptaron a Blancanieves. Al contrario de lo que se comenta, nunca hubo nada entre ellos. Una noche uno de los enanitos se emborrachó e invadió el cuarto de Blancanieves, pero ella lo arrojó por la ventana. Después de esa noche, Blancanieves se compró un perrito pequinés para mantener a los enanitos a distancia. La madrasta se enteró de que Blancanieves todavía vivía y, disfrazada de bruja, fue a la casita a ofrecer una manzana envenenada a Blancanieves, que murió. Más tarde, un príncipe encantado despertó a Blancanieves de la muerte con un beso y los dos se casaron. Años después, algo desencantada con el príncipe, Blancanieves daría su opinión sobre el marido:
— La manzana me gustó más.
Luis Fernando Verissimo